Yo no soy una experta en empresa, ni en marking, pero voy a aprovechar este espacio para contarte como fue mi vida antes de abrir este proyecto. Sea cuando sea que leas esto, escribo este texto unos días antes de nuestro aniversario, en una tarde con lluvia de mediados de agosto.
La idea es que te sirva de inspiración, curiosidad y regalo. Tanto si estás perdida en un trabajo que no te motiva, o súper feliz, o ninguna de las dos. A mí leer historias reales me motiva e inspira a seguir viviendo la mía, y cuando tengo la suerte de que alguien cercano se abre y me cuenta "cómo fue" me siento muy agradecida..
Allá voy:
Hoy en día Antevasín´s Store es un proyecto grandecito, que tiene talleres, tienda, consultas, envíos online, masajes y un largo etc... Pero esto se ha ido creando poco a poco.
El 17 de agosto de 2020 abrí las puertas de la tienda sobre las 11:00 de la mañana.
La verdad es que ese día no esperaba a nadie en especial… Algunas amigas que vendrían con unas flores y poco más.
Sin embargo, ese mismo día se llenó la tienda.
Yo estaba emocionada, pero también muy, muy, muuuuy preocupada por la opinión y si “había sido buena idea”.
Ahora estáis pensando que esto es una tontería, pero imagina mi contexto:
En noviembre de 2018 empiezo ha hacer El camino del artista por mi cuenta…
En febrero de 2019, el mismo día en que lo termino, una amiga me manda un wasap que pone: “tía, estoy en Madrid y he visto una tienda muy tuuu” (cuando aún decíamos “eso es muy yo”).
En marzo de 2019 voy a Londres a ver a mi amiga Helena y le digo que estoy pensando en dejar mi trabajo. Hele, como siempre, me da alas para hacerlo y me dice que me va a ir bien al 100%, aún sin tener ni idea (ni yo ni ella) de qué iba a pasar. Presento mi dimisión a la vuelta, pero no me voy hasta mayo.
El 19 de mayo trabajo por última vez en el sitio en el que había estado los últimos… 5 años. Ese trabajo era importante para mí. Era súper importante, en realidad. Era todo lo que había construido como adulta desde los 24 años, cuando había vuelto de Florencia. Ni parejas, ni hobbies, ni familia, casi ni amistades: todo quedaba en segundo plano cuando se trataba de echar unas horas más para que una campaña saliera adelante…
Cuando me fui, me di cuenta de que no había cuidado nada más, pero aún así soy muy afortunada porque me querían mucho, y no me sentí nunca sola. Tenía un entorno muy pequeñito de no más de diez personas, pero todos estaban ahí conmigo. Todo el mundo me dijo: “hazlo, te va a salir”. Aunque nadie sabía “el qué hacer”.
Hablábamos de mi futuro como una localización abstracta. Como si fuésemos a visitar un país o una ciudad de la que casi no había fotos en redes sociales, pero sabíamos cómo se sentía la gente que lo visitaba.
El camino me ayudó, no te voy a mentir, sin ese libro no estaría aquí, pero esas personas que me miraban con cara de “salta, tonta” me ayudaron más.
Entonces empecé a ayudar a un muy buen amigo en su startup, pero duré poquito, ya que en agosto de 2019 tuve una apendicitis y en la cama le prometí a mi “Diosito” particular (es el mío y el de mi abuela Carmen, no hay nada escrito sobre él) que ya “me iba a portar bien, y iba a hacer algo propio, pero que él tampoco estaba colaborando mucho en ayudarme a encontrar ideas”. Esa misma noche, llorando en la habitación del hospital general, sentí que no tenía escapatoria, tenía que dejar de ponerle excusas a mi miedo.
A la mañana siguiente, mi muy buen amigo me dijo que se había cancelado en su empresa un contrato con un cliente importante y ya no había trabajo para mí. (Fuerte, parece mentira y todo, pero es súper cierto).
De noviembre de 2018 a agosto de 2019 me apunté a mil mierdecitas: clubes de lectura, cosas de cerámica, taller de ramos de flores, clases de foto, viajé al sur de Francia, hice paddle surf, pinté un mural, me apunté a una clase de danza valenciana, una lectura de poesía, un taller de análisis web, monté un stand de feria, empecé terapia, fui a una bruja, monté un huerto, fui a charlas de SEO, a hacer “tu propia taza”, a pintar óleo… Incluso le di una clase de soldar plata a mi padre en mi casa. Pero a pesar de explorarlo todo, no me llego del cielo nada de “ideas guapas”, seguía sin saber qué hacer con mi vida…
También creé como quince tableros en Pinterest, y me hice un súper detox de redes sociales de más de diez meses.
En ese tiempo escribía todos los días mis páginas matutinas (para quien esté perdido: escribe todos los días por la mañana 3 hojas de folio, nada más levantarte. No valen de noche, no valen por la tarde, no valen excusas. Es mágico, pero eso da para otro texto…). Mis páginas eran como un rezo o una meditación, me dejaban vacía de quejas, de dudas, de enfados y de miedos.
Un 9 de octubre volé a Copenhague con mi BBF, y vi mil tiendas preciosas, todo me emocionaba e inspiraba, no pensaba en nada negativo, todo me parecía un regalo. Me dejé llevar por completo, tanto que, aún estando recién operada, nos subimos a una montaña rusa como niños pequeños, fue increíble.
Desayunando durante el viaje, en el sitio de brunch más bonito del mundo, con la carta sobre la mesa y sus iniciales AS, le dije a Borja: “AS”, repasándolas con el dedo índice, y él respondió: “Azahara Santoro”. (Tiene gracia porque Antevasin's Store también es AS, pero en ese momento no existía). Llegará, pensé. Quizás lo dije, le tendría que preguntar, aunque me respondería: “no sé, cari, el brunch estaba muy bueno, pero era muy caro”, y nos reiremos babeando al recordar ese pan de semillas…
Al volver seguí escribiendo.
Pocos días después… en mis páginas, enfocándome en lo que sí me gusta hacer (a estas alturas sé que te parece increíble que yo aún no me hubiese dado cuenta de que quería una tienda, ¿vale?, es increíble, pero es cierto), escribí “me gusta ser tendera” y me explayé contando cómo, cuando estaba agobiada en mi anterior trabajo, amenazaba con irme para abrir una pastelería, una librería o una floristería…
Ser tendera me abría las posibilidades a algo que sí me gusta: EXPLORAR.
Te lo explico bien:
El muro con el que yo me encontraba cuando pensaba qué hacer era el siguiente: por un lado me consideraba “aprendiz de todo y maestro de nada” y “me gusta explorar y no me quiero limitar creativamente”. Es decir: me daba miedo abrir un negocio más enfocado en joyería y aburrirme luego porque quiero hacer velas, o cerámica, o ganchillo, o no sé… ahora me ha dado por avistamiento de fauna salvaje, imagínate… Yo soy muy intensa con las cosas por las que me da.
Y luego otra preocupación que tenía era la de: “si hago o mezclo muchas cosas, el proyecto no se va a entender”, no lo veía para negocio digital, la verdad. Pero por suerte yo venía del mundo textil, de una multimarca, donde combinar distintas marcas para crear una esencia propia era mi fuerte… un espacio físico era lo que solucionaba por completo el problema.
Una tienda física me daba la flexibilidad de explorar distintas cosas y el mismo espacio me servía de escaparate de mi mezcla de pasiones cambiantes.
Entonces hice un collage bien grande.
Mi tienda hoy en día es como un collage ordenado por colores.
Pedí un crédito (me lo dieron sin avales, esto también es muy fuerte), abrí un perfil en dos buscadores para alquilar locales, busqué por zona y precio, hice un par de llamadas a inmobiliarias y salí a pasear.
El 19 de noviembre visité mi bajo. El 23 de diciembre, tras un poco de lío con la propiedad y la inmobiliaria, firmé el contrato de alquiler (casualmente el día de mi cumpleaños).
Y en el 2020…
El 11 de enero alquilé un andamio y empecé a pintar el techo…
El 12 de febrero le hice la primera caja (regalada) a la mujer de correos que me traía paquetes todos los días a casa (yo ya había empezado a comprar cositas…).
El 13 de marzo recogí nuestro precioso suelo en L'Alcora.
El 14 de marzo nos confinaron…
Llegó el covid. Medio se fue el covid, y en mayo volví a la obra…
El 1 de junio abrí redes sociales y creé mi perfil.
El 2 de junio publiqué mi primera foto (una escoba).
El 3 de junio terminé de pintar las paredes que tienen mural.
El 23 de julio le hice la primera venta oficial con datáfono a una amiga.
El 3 de agosto me fui de vacaciones a Asturias con el trabajo gordo bien hecho.
El 10 de agosto compré muchísimas plantas para que hubiese vida en la tienda.
Y el 17 de agosto abrí al público.
Y ese día pensé: “ya está todo hecho” (ignorante e ilusa de mí).
Durante todos esos meses estaba yo sola con mi proyecto, en una especie de burbuja de tiempo en el que todo pasaba deprisa pero parecía muy lento. Y cuando digo sola no me refiero a que no hubiese nadie más, estaba muy rodeada de personas cercanas que me ayudaron mucho, pero estaba tan dentro de mi obsesión que la sensación de distancia con la realidad era enorme.
Mi primera bajada a la realidad fue el día de la apertura. ¿Cómo no iba a dudar? De repente pensé: “No sé de dónde he creado esto, y tampoco para quién”…
Ese mismo día llegaron por casualidad dos de vosotras que siguen viniendo aún hoy, y a las que estoy segura que veré estos días de aniversario… Una especie de “madrinas mágicas” que, cada vez que las veo de nuevo, pienso que la tienda aún sigue abierta, y el proyecto sigue vivo…
Y poco a poco, día a día, llegasteis todas vosotras… Con la única publicidad del boca a boca, el algoritmo de Instagram y la casualidad de que paséis un día cerca…
¿El fuerte, eh?
A la Azahara sentada en el brunch AS aún se le parece…
Mi vida por supuesto ha cambiado muchísimo y han seguido pasando muchísimas cosas increíbles. Cuando creía que ya lo tenía montado y se había terminado todo, empezó la auténtica aventura, y mi auténtica vida… Pero eso ya a tener que ser en otro texto, otro día…
PD: no sé si te has dado cuenta, pero el día en que terminé el camino del artista, una amiga me mandó la foto de una tienda en Madrid diciendo que "era muy yo". Para que luego diga que no había señales..
Memoria gráfica:
Pre-creación de la tienda









Creación de la tienda:







Fin de la historia.. por hoy!
